Como cuando uno se da un golpe y un hueso se sale de lugar. Es necesario otro golpe, quizás exactamente el mismo que nos lastimó y nos dejó desacomodados, para que todo vuelva a donde debe estar.
A veces pasan años en que vivimos deformados. Nos acostumbramos a nuestro desajuste.
Y así andamos por la vida, creyéndonos cómodos y felices hasta que vuelve eso que tanto temimos para enseñarnos que no hay nada que temer. Todo esta bien. El hueso vuelve a su lugar, el alma en calma.
El amor obra de las formas más extrañas, inesperadamente a la vuelta de la esquina, en una palabra o un cajón, en otra mirada, un abrazo, una caricia, un objeto bien guardado o guardado sin querer. Aparece el amor. Mejor no dejar la mente entrar, tiene buenas intenciones pero el corazón sólo sabrá qué hacer. Mejor sentir y actuar.
Los huesos como la estructura de nuestros dolores más profundos, hablan. Las manos se cierran y se abren. Crujen y se quejan las rodillas y el cuello grita cansado de sostener a una cabeza atareada y algo tormentosa.
Le damos aire, es el espacio, da lugar.
Los ojos calmados se cierran para poder ver adentro, profundamente adentro hasta llegar a las decisiones más certeras que nos llevarán a accionar.
Y elegiremos darnos el mismo golpe, otra vez, sabiendo que todo va a estar bien.
Me sale un "aaaaaaahhhh" de placer.
ResponderEliminarEn leerte.
De leerte.
Que lindo lugar para venir y visitar.
Te quiero, tu K