El momento presente le era difícil de mantener. El cambio que su corazón le pedía la tenía ansiosa, con cavilaciones y angustia. Nadaba, cantaba y escribía, intentando encontrar paz y el camino hacia eso que era inminente y estaba en el aire. También había mucho que dejar atrás, se suponía que era el amor.
¿Vale la pena dejar atrás un amor tan verdadero y hermoso por seguir un sueño que no sé si prosperará? Pero, si el amor es verdadero, ¿no debería continuar existiendo más allá de la distancia, los apegos, los títulos?
Su corazón fue muy claro: "Lo que te tira atrás son tus miedos. Tenés que moverte desde el amor. Él estará siempre aquí, en mí, y si respetas este momento presente que les pide distancia, ese amor se volverá divino, y los dos habrán sanado" Ella lloraba, el corazón seguía hablando: "Es hora de lanzarnos de nuevo a la aventura. Es hora de volar y de arriesgarte. El mundo te sostiene, y, sobre todo, te sostiene tu arte. Tienen que ser libres"
Tomó una valija. Guardó en ella los instrumentos musicales, la ropa más colorida, todas las canciones del mundo, guardó al perro, las sonrisas de los amigos que no podía llevarse, guardó todo el amor y el aprendizaje que ese lugar maravilloso le había dado. Cerró la maleta que empezaba a elevarse, de ella se desprendía una luz muy fuerte, comenzaron a brotarle dos pequeñas alas. Sintió otra luz aún más fuerte desde atrás, y cuando volteó a buscarla comprendió que esa luz salía de ella misma, que ahora también tenía dos enormes y bellas alas de los colores del arcoiris. Su corazón brilló más que el sol reflejado en el mar del caribe. Y así volaron hacia los sueños. Así, volando y brillando se atrevieron a cambiar. Sin importar el resultado. Con la certeza de que valdría la pena.