martes, 12 de abril de 2016

Hipotecándonos

La ciudad ésta gris, tan pero tan gris.
Hasta el cielo (creo que solía ser azul).
La perspectiva está perdida como las cajas donde los seres humanos acumulamos cosas inservibles que, quizás, podamos usar algún día.
Así los muebles. Así guardamos nuestra vida. Y la miramos.
Ideas, planes y sueños.

En una caja encontré cientos de papeles. Entre ellos la carta, primer tesoro de una búsqueda.
Había en esas palabras, tristezas profundas de alguien que guardó su vida en cajas también, la vio pasar, la vivió a través de libros e historias ajenas. De alguien que vio el final mucho antes de que llegara, que renunció consciente, cuando ningún final estaba aún escrito.
También amor y gratitud había en esa carta. Por pequeños regalos que sus sobrinos le dieron, como sentir el calor de una mano pequeña sobre la suya. Mano de la tía que nunca será madre, pero perdurará en cartas tan tristes como bellas.

Quizás sería mejor abrir las cajas, guardar dos cartas y alguna foto, y soltar todo. Todo.
Después, vivir en una casa semivacía. Cada quien encontrará sus prioridades.
Te invito a la mía, hay una mesa y un banquito. Almohadones en el piso. Tazas, tengo dos. Café hay. Si preferís sentate en la silla, a mí el piso me gusta.


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